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Árbitros de fútbol y arbitraje

“Viejo con árbol”, un cuento de fútbol con poso… ¡Gracias Fontanarrosa!

José Ramón Ramírez Rubio

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Fontanarrosa… Sólo para románticos del fútbol; los demás, abstenerse.

Jorge Clarotti, un amigo de CLAN DE FÚTBOL nos hace llegar, entre otros, este cuento de Roberto Fontanarrosa titulado “Viejo con árbol”.

Recordando al ‘Negro’…  A principios de 2007, llegó a Canal 7 de Buenos Aires de la mano de Rodrigo Grande y Daniel Araóz, una recreación de los cuentos de Fontanarrosa. Aquí dejamos uno de ellos.

Lo incluyo en la categoría“Árbitros de fútbol y arbitraje” por la conclusión final y por la reflexión que comporta.

También pertenece a mi colección de anécdotas del fútbol. Me recreo con este cuento en muchas charlas futboleras de esas en las que acabas oyendo cantar al gallo.

Es una perlita literaria con sabor añejo. ¡Que lo disfrutéis!

* Fui Agente de Jugadores licenciado por la RFEF durante 11 años. Sentí vergüenza muchas veces por ejercer esta profesión y le pedí a la federación que retirara mi licencia. Hoy, soy feliz, vuelvo a disfrutar de este gran deporte. José Ramón Ramírez Rubio.

Cuento completo “Viejo con árbol”

A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.

Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.

Era el único hincha legítimo que tenían

Al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.

—Ojo con la vía íalertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.

—No pasan trenes, casi ítranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.

—¿No vino la hinchada? íya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejoí. ¿No vino la barra brava?

Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.

—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá íbromeó alguno.

—Por ahí es amigo del referí —dijo otro. Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.

Debajo del árbol

Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referíí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.

El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.

—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.

—No ísonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatadoí. Música ídijo después, mirándolo de nuevo.

Algún tanguito? —probó el Soda.

—Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.

El Soda frunció el entrecejo

Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.

—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.

El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.

—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.

El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.

—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra—. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno… Eso, eso es la escultura…

El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.

—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así… Bueno… Eso, eso es la pintura.

El Soda con los ojos entrecerrados y el viejo arreció

—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio… Bueno… Eso, eso es la danza…

El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.

—Y escuche usted, escuche usted… —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—… la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí… Bueno… Eso, eso es la música…

El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.

—Y vea usted a ese delantero… —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—… ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia… Bueno… Eso, eso es el teatro.

El Soda se tomó la cabeza

—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.

—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha—. ¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?

El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.

—…¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.

—Y eso… —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—… Eso es el fútbol.

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Árbitros de fútbol y arbitraje

Es hora de que los jugadores respeten a los árbitros; esto es, a los jueces

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Árbitros de fútbol

Propongo una sanción ejemplar a cada profesional del fútbol que acuse, directa o indirectamente, a los árbitros del resultado de su equipo

Árbitros de fútbol | Es hora de que los jugadores respeten a los árbitros, esto es, a los jueces. Sabemos que no son perfectos —ni siquiera buenos— y que se equivocan más de lo deseable. También es fácil equivocarse con jugadores tramposos que fingen agresiones, caídas, faltas para engañar al colegiado. Eso sin contar los innumerables fallos de los protagonistas, es decir, de los jugadores. Ronaldo, Messi, Torres… pueden fallar a puerta vacía; pero si un árbitro, al que están intentando engañar desde el minuto uno comete un fallo, hay que darle matarile.
Imagino que el Comité de Competición habrá tomado buena cuenta de este gesto y sancionarán duramente al jugador que no cumpla con las reglas de juego. A éste y cualquiera que haga cualquier declaración en contra de los árbitros se entiende. Es muy sencillo ocultar la frustración y cargar duramente contra el bulto sospechoso. Propongo una sanción ejemplar a cada profesional del fútbol que acuse, directa o indirectamente a los árbitros del resultado de su equipo. Es posible que así se aprenda algo tan elemental como es el respeto y la educación.

Árbitros de fútbol

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Árbitros de fútbol y arbitraje

Brito Arceo: “He sido humillado y maltratado por el mundo del fútbol”

El Seis Doble

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Brito Arceo

“Nací árbitro de fútbol y moriré siendo árbitro de fútbol. Necesito que me devuelvan lo que me robaron, fui víctima de una decisión injusta”

Brito ArceoEl Transistor, programa de radio deportivo presentado por José Ramón de la Morena, nos dejó hace unos días una historia que estremece. ¿Se acuerdan de Brito Arceo? Fue un árbitro de fútbol tinerfeño que, con 24 años, se convirtió en el colegiado más joven y de los más mediáticos en llegar a Primera División.

Como se cuenta en el programa, en la actualidad, es víctima de los vaivenes de la vida que a veces son extremadamente crueles. Tocó la cima con 24 años, era uno de los árbitros más prometedores de Europa, internacional y ahora, con 55 años, está en la ruina, vive solo, le van a embargar el piso y, lo peor de todo, tiene que recurrir a la caridad para poder comer.

Parece ser que, a pesar de las dificultades, está remontando anímicamente,  se está medicando contra una depresión muy profunda y quiere recuperarse después de una etapa en la que ha llegado a plantearse cuestiones muy duras en la vida.

Según Brito Arceo, no se retiró del arbitraje, “me invitaron a marcharme, cuando mezclaron (desde el Comité de Árbitros) mi mundo de los negocios con el arbitraje”. Las deudas que acarreaba hubieran sido satisfechas de continuar arbitrando, ya que el dinero que le daba el fútbol hubiera sido suficiente para ir saldando cuentas con los acreedores. El tinerfeño ha sido un árbitro al que nunca han intentado comprar; aunque se rumoreaba que, debido a sus problemas económicos, era fácil comprarle.

El árbitro de fútbol Brito Arceo se ha sentido humillado, ha pasado de la gloria a la ruina

Debido a su delicada situación fue comprobando como todos los de alrededor se iban alejando, “me dejaron solo, los amigos salieron corriendo”. El exárbitro llegó a participar en Gran Hermano. Brito vio como le embargaron todo el dinero que ganó en el concurso televisivo.

Estuvo un tiempo recibiendo 426 euros mensuales como ayuda, pero se acabó el plazo y ahora no tiene ningún tipo de ingreso, vive de la caridad y apoyo de los servicios sociales y de algunas ONG.

Juan Manuel Brito Arceo incide en que le alejaron de lo que era su vida; “he sido humillado y maltratado por el mundo del fútbol, me quitaron lo que más quería; nací árbitro de fútbol y moriré siendo árbitro de fútbol. Necesito que me devuelvan lo que me robaron, fui víctima de una decisión injusta”.

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Árbitros de fútbol y arbitraje

La Real Sociedad lidera momentáneamente la clasificación de tarjetas rojas directas

El Seis Doble

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Tarjeta roja directa a Lenglet

Tan sólo han transcurrido cinco jornadas de esta liga 2018-19 y ya se empiezan a sacar algunas conclusiones estadísticas. Cabe destacar que el actual líder en tarjetas rojas es la Real Sociedad de San Sebastián; con dos tarjetas rojas directas.

Ninguno de los otros 19 equipos de Primera División han hecho doblete. Acompañan a los donostiarras en el ranking de tarjetas rojas directas el Valencia CF, Athletic Club de Bilbao, Atlético de Madrid, Getafe, Celta de Vigo, FC Barcelona, Rayo Vallecano y Levante UD. Todos ellos con una única tarjeta roja directa.

En cuanto a tarjetas amarillas, el liderato también se queda en el norte de nuestro país; ya que el Athletic Club de Bilbao encabeza la tabla de amonestaciones con 17 tarjetas amarillas, empatado con el Getafe, también con 17. Les siguen el Villarreal con 14; Celta de Vigo y Alavés con 13; y Sevilla, Leganés y Valencia CF con 12.

El VAR cazó a Lenglet en la tarjeta roja directa más debatida este domingo

La tarjeta roja directa que más debate ha suscitado este fin de semana es la que el colegiado Gil Manzano enseño al jugador del FC Barcelona Clement Lenglet, que debutaba como titular en la Liga con los azulgranas, debut que tan solo duró treinta y cinco minutos. En la disputa de un balón por alto con el centrocampista del Girona FC Pere Pons le propinó a éste un codazo en la cara.

De inicio, Gil Manzano no detectó juego brusco y violento ni intencionalidad en la jugada. No obstante, revisó la jugada a instancias de las indicaciones de sus compañeros del VAR y tuvo que cambiar su decisión expulsando a Lenglet. Curiosamente, es la primera ocasión que el videoarbitraje decide una sanción disciplinaria en un encuentro de liga en el Camp Nou.

Según fuentes del FC Barcelona, se va a recurrir la tarjeta roja directa que supuso la expulsión Clement Lenglet.

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